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Comentarios de los musicógrafos de la banda,
Laura Campardo y Gustavo Costantini


Viernes 30 de abril, 20.00 horas
Iglesia Santa Margarita, Pico 4950

Vincenzo Bellini (1801-1835)
Obertura de la ópera Norma.

    Nacido en Catania el 3 de noviembre de 1801, Vincenzo Bellini representa con su peculiar estilo melódico, uno de los grandes compositores del repertorio dramático del siglo XIX referirnos a su música es asociarla al estilo de la ópera seria, cuyos primeros intentos se anticipan con Bianca e Gerardo (1826 ) e Il Pirata (1827).
Su verdadero triunfo resonante lo obtuvo en realidad con La Sonámbula, obra que en su tiempo fue cantada por los mejores artistas. Un año después compone Norma, ópera seria estrenada en La Scala de Milán en 1831 y que es quizás, una de sus producciones más logradas y ambiciosas. En la mayoría de los pasajes musicales de Norma, Bellini pone de manifiesto una de sus características más notables: la amplitud de su curva melódica, definida por Verdi en 1898 como “líneas de extremo vuelo como nadie escribió jamás”.


Edward Grieg (1848-1907)
Suite de Peer Gynt

   Edward Grieg nació en la ciudad de Bergen, Noruega en 1848 y representa hasta la actualidad, la máxima figura de la música de su patria. La mayor parte de su obra gira en torno a la temática local o está inspirada en ella como una de las constantes que definen a los músicos nacionalistas. Esta estética, tan usual en las regiones que como Noruega debieron transitar un prolongado proceso de recuperación de la identidad, culminó como en otros pequeños países de Europa, finalizando el siglo XIX. Estas naciones pasaron de la hegemonía germana a la individualidad artística manifestando su rebeldía y orgullo patriótico mediante la recreación de la leyenda popular, la remisión a la canción folklórica o la restauración de la obra de sus poetas.
En Noruega el nacionalismo musical se define de manera contundente en la obra de Grieg, quien como la mayoría de los jóvenes compositores de su generación se formó en Alemania, pero que, de regreso a su país, abordó con especial interés las formas y los estilos derivados de las raíces de su tierra natal.
Así como en la Suite Lírica para piano y más adelante en las Danzas Noruegas, Peer Gynt también responde aquel ideal nacionalista. En enero de 1874, Grieg recibió la propuesta de componer la música incidental para la pieza teatral homónima de Ibsen. La composición le demandó un período mayor de tiempo que el que había considerado en un principio, pero finalmente fue concluida en septiembre de 1875. Si bien el estilo de Peer Gynt no intenta traducir de manera directa el lenguaje musical nativo, hay en cambio un espíritu nacional sumamente depurado y sutil centrado en las descripciones musicales que inmediatamente pueden asociarse con el paisaje nórdico. Considerada hasta hoy una de sus obras más logradas, las versiones que hoy suelen incluirse en los conciertos sinfónicos son las suites realizadas sobre los 23 números que acompañaron originalmente al drama. Tal como suele ocurrir en estos casos, la selección de estos fragmentos sumado a la imposibilidad de escucharlos en el contexto teatral para el que fueron creados, nos privan de la contundencia dramática y del impacto que contiene la obra en su conjunto.


Astor Piazzolla
Libertango

   A comienzos de la década del ’70, el marplatense Astor Piazzolla era ya una figura definitivamente consagrada. Acaso las polémicas que él mismo alimentaba, contribuyeron a poner su nombre en boca de todos los interesados en la música popular y, a pesar de ser rechazado por muchos, su fama siempre crecía. Ya había acompañado a Aníbal Troilo en su orquesta, ya había escrito sus inolvidables Balada para un loco y Adiós Nonino, ya había grabado su ambiciosa operita María de Buenos Aires, y ya le había dado sentido a la expresión “música ciudadana” con el que trataba de explicar “de qué trataban sus composiciones”.
Cuando escribe Libertango, Piazzolla es un artista de renombre internacional y cada uno de sus discos es esperado con gran expectación. Este emblemático tema de la música de Buenos Aires conoció diversas versiones a partir de 1973 con el registro realizado en Francia con músicos italianos, la de 1975 con su orquesta, la de 1977 en el Olympia de París y la que sería su último registro de Libertango, con el quinteto en Viena, en 1984.
Junto con Oblivion, la música de El exilio de Gardel y Años de Soledad, Libertango fue uno de los más importantes éxitos de una de sus últimas etapas creativas, conociendo incluso, versiones cantadas por intérpretes provenientes del pop, como Grace Jones, cuya popularidad se multiplicaría al formar parte de la banda de sonido de Búsqueda frenética, del director Roman Polanski.

 

Julián Aguirre
Dos danzas argentinas: Huella y Gato.

   El compositor argentino Julián Aguirre (1868- 1924), representa una de las figuras más significativas de la Generación del ´900. Su privilegiada situación personal, le facilitó educarse en el Real Conservatorio de Madrid, graduándose con las mejores calificaciones de su promoción en piano, armonía y contrapunto. Ya en Buenos Aires, formó parte de los círculos más intelectualizados de su época, estimulando el intercambio de las corrientes estéticas asociadas a los salones musicales franceses y al mismo tiempo fue una figura convocante para artistas y pensadores locales y extranjeros.
Su actitud musical logró ubicarse exactamente en un punto de equilibrio entre la bohemia y el profesionalismo. Como aficionado a la poesía, sus preferencias estilísticas se orientaron por el género de cámara y principalmente el de la canción con reminiscencias francesas, donde expresa fielmente su delicada concepción melódica. Los ritmos de la música tradicional transitan en su obra de manera discreta, otorgando a su producción una intimidad poco frecuente cuando aborda el repertorio instrumental. Huella y Gato son danzas que habían inspirado su serie para piano Aires nacionales argentinos, las que sirvieron como referencia para la versión orquestal realizada por Ernest Ansermet.

 

Leonard Bernstein
Candide

   Leonard Bernstein (1918-1991) representa sin dudas, una de las figuras más importantes de la música norteamericana de nuestro siglo. Junto a su colega, compatriota y amigo, Aaron Copland a quien conoció en 1937, llevaron adelante el binomio más popular de los círculos musicales de Nueva York. Y quizás, no casualmente ambos murieron el mismo año, en 1991.
Pianista, director de orquesta, docente y compositor, el extenso itinerario de su exitosa actividad musical, sus versiones desbordantes y a veces arrebatadas de euforia, su gran sensibilidad y el amplio margen que dio a sus preferencias estéticas, no lo apartaron jamás de su visión fatalista de la vida, sin que faltaran quienes lo exhibieran frívolamente como un prototipo de la bohemia moderna.
Como compositor a través de su producción musical, abogó siempre por un estilo musical que se acercara al oyente, en oposición a las complejidades de las vanguardias tan defendidas por sus contemporáneos. En consecuencia, sus obras manifiestan una fuerte defensa de la tradición y en particular, de la música tonal. Candide, compuesta en 1956, es una ópera que hizo famoso a Bernstein al momento de su estreno y precede a West side story (1958), otra obra que afronta la misma impronta. Ambas y en particular la primera, han sido consideraras las más logradas y ambiciosas producciones, donde con claridad y gran poder de síntesis, expone su filiación con la música, el estilo y las historias y argumentos fuertemente arraigados en la vida popular norteamericana.

 

Alberto Ginastera.
Pequeña danza y malambo (del ballet Estancia)

   La música argentina inspirada en nuestras danzas, encuentra en la obra de Alberto Ginastera, su manifestación más intelectualizada. Sin duda, fue uno de los principales representantes de la denominada Generación del Centenario, que junto a García Morillo, Pedro Saenz, Carlos Guastavino y otros, formaron parte de una nueva tendencia de proyección internacional de la música nacional.
De una sólida formación heredada de Athos Palma, José Gil y José André, movilizó además la enseñanza de varias generaciones posteriores a la propia. Fue el creador del Conservatorio Provincial de La Plata en 1948, organizó los planes de estudio para la creación de la Facultad de Música de la Universidad Católica Argentina en 1958 y simultáneamente se abocó a la formación del Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales Di Tella.
Poseedor de una técnica indiscutida, la producción musical de sus primeros años, recurre de manera constante a la temática autóctona, donde la rítmica y los giros melódicos provenientes del folclore, se ponen de manifiesto de manera directa y espontánea. A esta, su primera etapa de creación, pertenece el Ballet Estancia, compuesto en 1941, obra que Ginastera define y enmarcara dentro de un estilo al que denominó como nacionalismo objetivo.

 
 
 
 
 
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