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Comentarios de los musicógrafos de la banda,
Laura Campardo y Gustavo Costantini

 

Georg Friedrich Haendel (1685-1759)
Música para los reales fuegos de artificio

Comparado con Vivaldi, Rameau o Bach, cada uno absorbido por su propia tradición, la música de Haendel podría definirse como la de un compositor de perfil internacional: en ella coexisten la solemnidad germana, el melos italiano y la grandeza francesa. Sumado a esto, su obra transcurre principalmente en Inglaterra. En 1749, Haendel concluye uno de sus períodos más desdichados, luego de fracasar en una larga serie de composiciones operísticas. Ese mismo año, le piden la elaboración de la Música para los reales fuegos de arificio. La paz de la Aix-la-Chapelle, ayudó a Haendel a retomar la popularidad eclipsada en aquellos días, cuando el Rey Jorge II le encarga la composición de la música para las celebraciones que se proponía realizar para los festejos del acontecimiento. Su contribución sería tan sólo una parte del vasto espectáculo planeado, donde se incluirían grandes baterías de cañón, un flamante sol artificial, un elaborado palco para la nobleza y un suntuoso despliegue de fuegos artificiales.

Julio De Caro (1899-1980)
El monito

El violinista, director y compositor Julio De Caro, nació en Buenos Aires y se vinculó desde su juventud a la música popular porteña integrando diversos conjuntos. Formó parte de la agrupación musical de Juan Carlos Cobián y posteriormente tuvo su propia orquesta, donde comienza a plasmar el personal estilo que lo caracterizaría. Los acompañamientos armonizados que escribía para el piano, las partes exclusivas para solos de piano y bandoneón, los fraseos y variaciones de los bandoneones, el impulso que asignó a toda la orquesta, más los contracantos que tejían los violines a la melodía, fueron los principales hallazgos de su lenguaje. Esta riqueza armónica tan novedosa por entonces, fue ampliamente reconocida por sus contemporáneos y las generaciones futuras, al punto que Astor Piazzolla le rinde homenaje en Decarísimo varias décadas después. Como compositor ha creado una obra numerosa que - a manera de puente - se ubica entre los estilos de Eduardo Arolas y Juán Carlos Cobián. Títulos como Tierra querida, La rayuela, Copacabana, Chiclana, Boedo, Mala junta y El monito, son temas que hasta hoy se encuentran entre los consagrados del repertorio popular de Buenos Aires.

Manuel de Falla.
Danza ritual del fuego
(de la suite del ballet El Amor Brujo).

Vinculado desde su juventud con la vanguardia musical española y francesa más sobresaliente, Manuel de Falla se nutrió de manera directa de la obra y la amistad de colegas como Ravel, Debussy, Albéniz, Dukas y Faure.
En abril de 1914 inicia los primeros esbozos para El amor brujo, finalizando la partitura del ballet en noviembre, para ser estrenada finalmente en los primeros meses del año siguiente en el Teatro Lara de Madrid sin demasiado éxito.
El argumento de El amor brujo transcurre en Granada. Carmelo corteja a una joven y hermosa gitana, Candelas, que responde a su amor. Pero entre ellos está siempre presente el espectro de un gitano ya muerto y antiguo pretendiente de Candelas. Para librarse de él, Carmelo imagina un ardid y convence a una bella muchacha amiga de su amada para que lo distraiga y confunda. Finalmente, el fantasma queda fascinado por la hermosa amiga y abandona a los enamorados.
Dada la escasa repercusión que había obtenido en las sucesivas representaciones, Falla intenta recomponer la obra original ampliando la orquestación y adaptando además su formato al estilo de la suite de concierto, definiendo en esta segunda versión, un carácter gitano más evidente y efectivo. La presencia gitana, está claramente insinuada en varios episodios como la Danza ritual del fuego, inspirada en la vitalidad rítmica y casi mágica de los bailes de esta comunidad.

Bedrich Smetana (1824-1884)
La novia vendida (danzas de la ópera)

La rica y espontánea musicalidad de los países bohemios adquiere cuerpo por primera vez en la obra de Smetana. Las influencias de Liszt y Berilóz, animaron la creación de una ópera nacional y con La novia vendida, estrenada en 1866, se incorpora con natural expresión el dialecto regional a través de sus danzas populares. Durante los tres años que duró la composición de esta ópera, Smetana realizó numerosas variantes. La primera representación dirigida por el mismo compositor, fue modificada sucesivamente hasta que en 1870 tomó la forma definitiva. Más allá de la unidad de estilo que mantiene toda la ópera y la maestría con la que refleja el ambiente aldeano, han sido las danzas de esta ópera las que se incluyen con mayor frecuencia en los programas de concierto.

Franz Schubert (1797-1828)
Sinfonía Nº 8 (Inconclusa)
(1º movimiento)

Representa hasta hoy una verdadero enigma el porqué Schubert dejó esta sinfonía sin terminar, sobre todo porque vivió seis años después de dejar esta obra tal como fue encontrada. Los movimientos compuestos por Schubert en 1822, son el primero (Allegro moderato) y el segundo (Andante con moto), lo que no responde al plan formal de tres movimientos de la sinfonía. Algunos han especulado en afirmar que el compositor se dio por satisfecho con los movimientos escritos y que no tenía más para “decir” en esta obra. Esto explicaría, quizás, los nueve compases escritos para el comienzo del Allegro del tercer movimiento. El manuscrito que a la muerte de Schubert fue entregado a su amigo Anselm Hüttenbrenner, se mantuvo celosamente guardado. Recién en 1865, es decir treinta y siete años después de fallecido el compositor, fue descubierto por el director Johann Herbeck, quien estrenó la sinfonía en Viena con gran éxito.

Antonio Carlos Gómes
Il Guarany
(obertura)

Nacido en Campiñas en 1836 y fallecido en Belem a los sesenta años de edad, Antonio Carlos Gomes inició sus estudios musicales en Brasil, su país natal y luego de su paso por el conservatorio, se trasladó a la ciudad italiana de Milán donde continuó su formación con Lauro Rossi.
Con Gomes la creación musical de Brasil se pone a tono con uno de los aspectos de la producción europea ochocentista : la ópera italiana.
Su ópera Il Guarany, fue estrenada en Milán y representada en casi todas las capitales de Europa, incluso Londres, y se estrenó en Brasil el 2 de diciembre de 1870, más precisamente, en la ciudad de Río de Janeiro.
Antonio Carlos Gomes introduce con su amplia labor operística un italianismo que se proyectará en la obra de muchos de sus colegas como Joao Gomes de Araujo, y la costumbre de producir música para el género habrá de llegar hasta el año 1910 con más de cien óperas brasileñas escritas por 59 compositores que siguieron el modelo italiano casi en su totalidad.

Piotr Ilich Tchaikovsky
Sinfonía Nº4 en Fa menor:
(4ª movimiento)

Las influencias de Occidente se manifiestan de manera abrumadora en la figura del compositor ruso Piotr Tchaikovsky, quien vivió entre los años 1840 y 1893, y cuya atormentada personalidad respondió como verdadero prototipo de los valores del romanticismo europeo.
Tchaikovsky dedicó a la sinfonía una atención que pocos compositores contemporáneos a él destinaron al género, recurriendo en ellas a un verdadero “programa” de sentimientos melodramáticos, efusiones líricas y emotivas exhibidas al límite, y a los que solía abandonarse sin reservas.
De sus seis sinfonías - todas ellas realizadas entre 1866 y 1893 - las tres últimas (según reconoce el compositor en una carta dirigida a su benefactora Nadezhda von Meck) está presente el tema de la inexorabilidad del destino como parte del “programa” interior, lo que ayuda a comprender la inesperada intrusión y recurrencia temática de algunos sectores.
La Cuarta sinfonía en Fa menor, compuesta en 1878 y estrenada ese mismo año, se ve colmada del este criterio programático y sentimental al que hicimos referencia. La modalidad cíclica de organización se pone ya en evidencia desde el tema anunciado en la introducción que constituye el germen de toda la sinfonía, y es precisamente el “Destino” .También el compositor al momento de describir su obra y la razón de su insistencia temática, nos revela esta idea cuando se remite al Cuarto movimiento, donde describe una fiesta campestre : “ante la alegría de los demás se olvida uno de sí mismo, pero el Destino, inmisericorde, reaparece para recordarnos quienes somos. Los otros permanecen indiferentes a nuestra soledad y tristeza. La vida será soportable participando de estas profundas y sencillas alegrías”.

 

 
 
 
 
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