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Comentarios de los musicógrafos de la banda,
Laura Campardo y Gustavo Costantini

 

Claude Smith
Gala XXV  

            La crisis de los lenguajes musicales de fin de siglo ha llevado a la mayoría de los compositores que no se ubican dentro de las posiciones de vanguardia a una búsqueda en los géneros populares y en la revisión de la música del pasado. Estas prácticas han dado como resultado una suerte de extrema diversificación que impide una clasificación exacta.
            En este sentido, la producción del músico estadounidense Claude Smith ha sido destinada en gran parte a sondear y desarrollar las posibilidades que ofrecen las agrupaciones de banda. Es así como la vitalidad rítmica, una singular combinación de los instrumentos en función del color, el exuberante contraste de las diversas secciones instrumentales, están presentes en toda su obra, en particular en Gala XXV - que recibe también una interesante impronta de la música cinematográfica - una de las tantas contribuciones de Claude Smith al abundante repertorio norteamericano de las bandas sinfónicas.

 

Arthur Pryor
Blue Bells of Scotland  

          Blue bells of Scotland es una de las tonadas más populares de la región conocida como las Highlands. Aparentemente la melodía se la conoce desde 1800, probablemente introducida por en los teatros de Edimburgo por la actriz Dorothea Jordan. La canción trascendió las fronteras del teatro y llegó a ser interpretada en diversas adaptaciones, siendo una de las más famosas la ejecutada por el solista de trombón de la célebre banda de John Philip Sousa, Arthur Pryor. Este trombonista llegó a conocer el mundo de las grabaciones y algunos de sus solos realizados entre 1901 y 1911 están publicados en CD (remasterizados de primitivas grabaciones hechas con el gramófono de Edison). Hoy la escucharemos en esta versión del maestro Henry Bay, junto a la Banda Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires.

 

Carl Maria von Weber
Romanza para trombón            

            Carl Maria von Weber, nacido en Eutin, Holstein en 1786 y fallecido en Londres, en 1826, es el primer representante del Romanticismo musical alemán. Fue discípulo de Michael Haydn y más tarde del Padre Vogler, para dedicarse a la composición y la dirección orquestal. Escribió diversas óperas, entre las cuales se destacan Oberon, Euryanthe y El cazador furtivo, que tuvo una decisiva influencia en la obra de Wagner.
            Al margen de su vocación y talento teatral, fue un atento compositor para diversos instrumentos solistas, entre los cuales se destaca el clarinete, para el cual desarrolló un vasto repertorio (dos conciertos, un concertino, dúos y diversas piezas concertantes y de cámara). De algunas obras para este instrumento surgieron varias transcripciones y arreglos para otros instrumentos, como ocurre con la Romanza, de la que se conocen versiones para trombón, fagot y trompa, a veces acompañados por piano y otras, como en este caso, por una agrupación sinfónica.

 

Percy Grainger
Lincolnshire Posy  

            La obra del compositor norteamericano Percy Grainger presenta rasgos muy particulares. Criado en Melbourne, Australia, su contacto con la naturaleza lo indujo a buscar ritmos en el sonido del agua, el viento, así como encontrar inspiración en el paisaje ciudadano o en elementos de la vida cotidiana. Así se enmarcan composiciones tales como La música de los trenes, de 1900, la Canción del mar y la Canción de la colina, todas elaboradas sobre la base de un ritmo libre, seguramente influido por Debussy.
            Grainger también experimentó con la voz humana. En su Tonada irlandesa del condado de Derry, utilizó cuidadosamente la melodía conocida como Danny Boy, pero con un coro cantando con puras sonoridades vocales de sílabas sin sentido.
            Considerada una de las obras maestras de Grainger para banda sinfónica, Lincolnshire Posy (la “flor silvestre musical” de la región de Lincolnshire, Inglaterra) fue escrita por encargo de la American Bandmasters Association, en 1937. Para su realización se basó en seis melodías folklóricas de la región de Lincolnshire que el propio compositor había recopilado hacia 1905, cuando se encontraba en suelo inglés.  
 

Isaac Albéniz
Suite española  

            La última obra de esta primera parte nos presenta la vitalidad que caracteriza el estilo del compositor Isaac Albeniz, uno de los más importantes compositores españoles de formación académica quien, luego de conocer a Franz Liszt, dedicó gran parte de su producción al repertorio del piano.
            Entre estas obras se encuentran algunas de sus composiciones fundamentales tales como la Rapsodia para dos pianos (de 1887), la Suite española N° 1 (1886) y N° 2 (1889), las 12 Piezas características (1889) y la que se considera su composición más intensa, Iberia. Muchas de ellas fueron llevadas a la orquesta, y en este caso a su transcripción para banda sinfónica, una de sus Suites españolas, una de las dos composiciones representativas de la música española de la primera mitad del siglo XX del concierto del día de hoy.

 

Joaquín Turina
Danzas fantásticas  

            Influido por su compatriota Isaac Albéniz -a quien conoció en París- el compositor español Joaquín Turina es una destacada figura de la música española de la primera mitad del siglo XX. Combinó ritmos y melodías de origen andaluz con las sutilezas del Impresionismo francés, lo que le brindó un colorido particular a sus composiciones y cierto contacto con las corrientes modernistas. Desde fines de la década de 1910 se identificó con el nacionalismo musical español, aunque nunca se alejó del todo de Debussy y Ravel. A este período pertenecen sus Danzas fantásticas, compuestas en 1919, la famosa Sinfonía sevillana (1920), la Oración del torero (1925), y El canto a Sevilla (1927), las que se cuentan entre sus obras orquestales más destacadas.

 

 
 
 
 
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