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Comentarios de los musicógrafos de la banda,
Laura Campardo y Gustavo Costantini


Bolsa de Comercio de Buenos Aires
Viernes 25 de junio, 18.30hs

Facultad de Derecho (repetición)
Sábado 26 de Junio, 20.00 hs.

Wolfgang Amadeus Mozart
Las bodas de Fígaro
(Obertura)

    La mayor contribución de la escuela clásica vienesa del siglo XVIII, fue sin duda en el ámbito de la música orquestal. Sin embargo, la ópera y en particular el género bufo, continuaba manteniendo el interés de los grupos sociales más diversos. La ferocidad con se expresó la competencia entre los compositores en tiempos de Mozart, llegaba al punto de rivalizar, incluso mediante obras basadas en los mismos temas y empleando textos de idénticos autores. De El matrimonio secreto de Cimarosa, como del Don Giovanni de Gazzaniga (quien anticipó su estreno un mes antes de concluida la versión de Mozart) poco se recuerda. Con su particular visión sobre la música para la escena, le otorgó al género bufo en lengua italiana un giro menos convencional: puso la forma al servicio del mundo interior de sus personajes, indagando en el carácter y en el comportamiento humano y reemplazó los prototipos desgastados por seres vivos.
Precisamente en la interacción lograda entre los personajes de Las bodas de Fígaro (1786), es donde Mozart resuelve magistralmente esta ópera. Tomando como referencia la adaptación que Lorenzo Da Ponte hiciera sobre la pieza de Beaumarchais, aprovecha las estructuras convencionales y supera el principio la mera y ácida comedia de intrigas que intenta satirizar las flaquezas de la aristocracia. Así mismo, creó un estilo característico para sus oberturas las que, a pesar de mantenerse encuadradas dentro de los lineamientos tradicionales, se aproximan sugestivamente a la concepción programática de las oberturas del siglo posterior. Resulta notable cómo se anticipan ciertas rasgos sobre las situaciones y la dimensión esencial con la que define el carácter de cada personaje a través de una selectiva gama de timbres, en particular mediante el uso de los instrumentos de viento.

Félix Mendelssohn (1809-1847)
La gruta de Fingal (Obertura)

    El compositor alemán Félix Mendelssohn ocupa un lugar en el romanticismo musical no siempre reconocido. Su talento, estimulado desde la infancia privilegiada que tuvo, le permitió dedicarse con exclusividad al estudio del piano y la composición. Sus obras más tempranas revelan su inquietud por la descripción y en él, el paisaje define un papel decisivo en su obra. La Gruta de Fingal, fue inspirada en los paisajes de Escocia cuando en su juventud realizó un largo viaje por las Islas Británicas. Por entonces, escribió a sus padres extensas cartas donde contaba sus impresiones, las que acompañaba con algunos fragmentos musicales. En París trabajó sobre sus apuntes de viaje y finalmente concluye esta obertura tres años después de su visita a Escocia. Como tal, esta obertura tan meditada, no encuadra en la estructura convencional de pieza preliminar, sino que - según la visión de Camille Bellaigue - se trata de una especie de sinfonía comprimida en un solo tiempo.

Edwuard Grieg
Suite de Peer Gynt

   Edward Grieg nació en la ciudad de Bergen, Noruega en 1848 y representa hasta la actualidad, la máxima figura de la música de su patria. La mayor parte de su obra gira en torno a la temática local o está inspirada en ella como una de las constantes que definen a los músicos nacionalistas. Esta estética, tan usual en las regiones que como Noruega debieron transitar un prolongado proceso de recuperación de la identidad, culminó como en otros pequeños países de Europa, finalizando el siglo XIX. Estas naciones pasaron de la hegemonía germana a la individualidad artística manifestando su rebeldía y orgullo patriótico mediante la recreación de la leyenda popular, la remisión a la canción folklórica o la restauración de la obra de sus poetas.
En Noruega el nacionalismo musical se define de manera contundente en la obra de Grieg, quien como la mayoría de los jóvenes compositores de su generación se formó en Alemania, pero que, de regreso a su país, abordó con especial interés las formas y los estilos derivados de las raíces de su tierra natal.
Así como en la Suite Lírica para piano y más adelante en las Danzas Noruegas, Peer Gynt también responde aquel ideal nacionalista. En enero de 1874, Grieg recibió la propuesta de componer la música incidental para la pieza teatral homónima de Ibsen. La composición le demandó un período mayor de tiempo que el que había considerado en un principio, pero finalmente fue concluida en septiembre de 1875. Si bien el estilo de Peer Gynt no intenta traducir de manera directa el lenguaje musical nativo, hay en cambio un espíritu nacional sumamente depurado y sutil centrado en las descripciones musicales que inmediatamente pueden asociarse con el paisaje nórdico. Considerada hasta hoy una de sus obras más logradas, las versiones que hoy suelen incluirse en los conciertos sinfónicos son las suites realizadas sobre los 23 números que acompañaron originalmente al drama. Tal como suele ocurrir en estos casos, la selección de estos fragmentos sumado a la imposibilidad de escucharlos en el contexto teatral para el que fueron creados, nos privan de la contundencia dramática y del impacto que contiene la obra en su conjunto.

Michael Ivanovich Glinka
Ruslan y Ludmila (Obertura)

   La búsqueda de la identidad nacional a través del rescate de las raíces tradicionales y folklóricas, es una de las grandes peculiaridades que hicieron al espíritu romántico. La escuela rusa fue una de las primeras en ponerse a la vanguardia en este sentido y se constituyó en el modelo de otras como la de Bohemia, Escandinavia y España.
Glinka encabezó la tendencia junto con Dargominsky, y ambos tomaron como género predilecto de su doctrina a la ópera.
Luego de Una vida por el Zar, la segunda y última ópera de Glinka fue Ruslan y Ludmila, compuesta en 1842 en base a un cuento de hadas de Pushkin, obra esta esencial en el desarrollo del teatro musical de características netamente locales. Si bien Glinka aún carga con el peso estructurador de la ópera italiana, la temática, la rítmica y fundamentalmente los giros melódicos y la armonía, son de corte ruso. Pero lo fundamental de su estilo es la incidencia en el desarrollo ulterior de esta escuela como efecto conductor hacia el realismo de Mussorgsky o el colorido orquestal de Rimsky Korsakov, quien solía decir que “es el pueblo quien compone y nosotros nos limitamos a re-elaborar”.

Nikolay Rimsky-Korsakov
Capricho español

   Los últimos veinte años de la vida de Nikolay Rimsky-Korsakov (1844-1908) fueron de muy poca producción musical, debido a una serie de infortunios y muertes en la familia que terminaron de delinear un cuadro de insatisfacción que se proyectó sobre el juicio de sus propias composiciones. El impacto que le produjo asistir a todos los ensayos del ciclo completo de El anillo del nibelungo, de Richard Wagner, también tuvo su efecto crítico: Rimsky-Korsakov -influido por el uso de la orquesta wagneriano- sintió que debía replantear gran parte de las orquestaciones de sus composiciones anteriores y profundizar su trabajo como estudioso de la instrumentación. Profundamente autocrítico, se abocó a la reescritura de muchas de sus obras, al descarte de otras, y limitó casi excesivamente su producción, desarrollando sólo aquello que lo conmoviera más allá de efectismos y pura retórica.
Entre las pocas obras que sobrevivieron a estos juicios, se cuentan las tres composiciones que antecedieron a este último período y que, no en vano, dan cuenta de su madurez como teórico del sonido orquestal y lo pintan como un artista depurado. Estas composiciones abarcan la ópera El príncipe Igor, la suite sinfónica Sheherezade, y el popular poema sinfónico Capricho español.
La influencia de la música española estuvo presente desde un primer momento en la vida de Rimsky-Korsakov, dado que una de las experiencias determinantes para que orientara su vida hacia la música fue la audición de la Jota aragonesa de Glinka. Pero Rimsky-Korsakov no veía en ella una simple manifestación de folclore imaginario, sino un vehículo legítimo para obtener una renovada paleta sonora. De hecho, el propio compositor consideró a su Capricho español como un estudio sobre virtuosismo orquestal que no debía ser confundido por su colorido aspecto regional. La obra fue escrita en 1887, y desde entonces ha sido una de las piezas más requeridas por las salas de concierto de todo el mundo.

 (NOTA: La Banda Sinfónica ejecuta a menudo transcripciones de música orquestal, como en las obras que integran este programa. Las mismas consisten en adaptaciones que, respetando los originales, suplen la falta de violines y violas, y a la vez aprovechan la presencia de otros instrumentos no disponibles en las orquestas, como es el caso de los saxofones)

 

 
 
 
 
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