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Comentarios de los musicógrafos de la banda,
Laura Campardo y Gustavo Costantini

 

Johannes Brahms
Obertura para el festival académico

Si el pensamiento romántico pudiera ser definido en breves términos, la contradicción sería uno de ellos. Este movimiento originado en Alemania y que tiene sus raíces en las artes literarias, convivió musicalmente en un verdadero estado de tensión entre dos posturas francamente adversas: la formalista y la contenidista. Johannes Brahms, partidario de la primera posición, se afirmó en el universo de las grandes estructuras instrumentales. En su defensa, Robert Schumann publicó en 1850 un amplio artículo titulado “Nuevos senderos” en el que considera a Brahms el “salvador” de la música alemana. Su extrema prudencia y autocrítica lo llevaron a publicar la primera sinfonía recién en 1877, cuando tenía 44 años. Entre sus últimas obras se destacan la Obertura Op. 80 que compuso especialmente cuando la Universidad de Breslau le otorgó el título de Doctor Honoris Causa en Filosofía por los méritos alcanzados en su obra musical religiosa. El estilo que domina esta Obertura para el Festival Académico es de carácter esencialmente popular. Fue elaborada a partir de canciones estudiantiles, reservando para el final el famoso canto latino Gaudeamus (alegrémonos)


Gustav Mahler
Adagietto de la Sinfonía Nro. 5 en Do sostenido menor

Aunque parezca mentira, la fama de Gustav Mahler como compositor es mucho más reciente de lo que parece. Hacia fines del siglo XIX, Mahler era uno de los más renombrados directores de orquesta, habiendo sido titular de la Ópera de Viena y de la Filarmónica de Nueva York. Johannes Brahms llegó incluso a conocer su versión del Don Giovanni y escribió que la lectura realizada por Mahler era quizá la definitiva y más perfecta aproximación a la ópera de Mozart. Como compositor, mientras tanto, trabajaba durante los veranos en medio de sus temporadas al frente de la orquesta y no obtuvo demasiado suceso más que con su Primera Sinfonía, subtitulada Titán. De sus diez sinfonías sólo llegó a presentar hasta la Octava, dejando algunas de sus más importantes creaciones como La canción de la Tierra y la Novena sinfonía en manos de su discípulo Bruno Walter, a quien se le deben seguramente las versiones más aproximadas a las intenciones del autor.
La Quinta sinfonía en Do sostenido menor, que presenta cinco movimientos, se abre con una poderosa marcha fúnebre, contiene un Scherzo extremadamente complejo y se cierra con un movimiento que resume elementos escuchados a lo largo de toda la obra. Pero el cuarto movimiento, Adagietto, sólo para cuerdas y arpa, parece recortarse de la atmósfera general de la obra en pos de un romanticismo que va creciendo en densidad y pasión a lo largo de sus minutos. [La Banda Sinfónica ejecutará una trascripción para maderas, metales y arpa.]
La fama de este movimiento se debe a una razón extra musical: en la década del ’60, el director italiano Luchino Visconti realizó una versión cinematográfica de la novela de Thomas Mann, Muerte en Venecia, transformando al protagonista Gustav von Aschenbach en un músico, prácticamente un alter ego de Mahler. Fue así que la banda sonora incluyó fragmentos de sus obras entre los cuales se destacó el inmortal Adagietto. Una anécdota cuenta que, tras ver una copia de la película en estudios de Hollywood, un productor preguntó quién había compuesto tan formidable banda sonora y si era viable “contratar para hacer más música de películas a este desconocido llamado Gustav Mahler”.

Gustav Holst
Marte (de Los Planetas)

Luego de un encuentro en 1913 con Clifford Sax -hermano del compositor Arnold Sax - Gustav Holst comenzó a interesarse profundamente por la astrología. Siguiendo una fascinación de la época por las cuestiones metafísicas, la filosofía oriental y otras formas de pensamiento opuestas al positivismo reinante, Holst quería trabajar en una obra que pusiera en contacto al oyente con los arcanos y representaciones de lo ultraterreno.
Muy lejana a la astronomía es la intención de Los planetas. Cada número describe el carácter simbólico de cada planeta del sistema solar (al menos los conocidos hasta ese momento, pues falta Plutón en esta serie) y esto es revelado por el título que acompaña al nombre de estos cuerpos celestes. “Marte, el portador de la guerra” se manifiesta a través de una marcha en compás de 5/4 que va creciendo hasta alcanzar una enorme energía mediante la utilización de todos los timbres. El tema se basa en una melodía oscura con cromatismos que se perciben como tensiones y que simbolizan - según las palabras del compositor - “una profecía de la guerra por venir. Curiosamente, Marte fue escrito unos meses antes de la Primera Guerra Mundial. La infartante métrica reaparece constantemente y no cesa hasta la sucesión de acordes “fortísimo” que conforman el sombrío final.
Fue el propio Holst quien luego de haber hecho la versión orquestal de “Los planetas” re escribió para banda sinfónica los números de la serie correspondientes a Júpiter y Marte. Originalmente, él quería componer una obra para músicos aficionados, y de hecho, gran parte del material lo elaboró en las aulas del St. Paul´s School de Hammersmith. Holst estaba convencido de que los jóvenes podrían sentir mejor aquello que la obra transmitía.

John Williams
E.T (música para el film)

A lo largo de la historia del cine, la imagen negativa de los extraterrestres invadió la pantalla de personajes aguerridos que no sólo se limitaban a invadirnos, sino por malvados que deseaban además destruir nuestro mundo y despojarnos de sus recursos naturales. Sin embargo, en 1982, Steven Spielberg - siempre interesado por recuperar la magia a la manera de los cuentos de hadas tradicionales, nos presenta a uno de los más tiernos personajes de todos los tiempos: E.T, el extraterrestre.
Con su mensaje de respeto por la viva, de tolerancia ante lo diferente y de esperanza para las generaciones futuras, E.T se convierte en la cara opuesta a aquella semblanza de los alienígenas que colmaron alguna vez nuestra imaginación.
Luego de haber sido desplazada por los géneros populares, la música sinfónica hizo un retorno triunfal en el campo de la música cinematográfica y John Williams, es sin duda, uno de los responsables de este retorno. Como es habitual en sus partituras, la presencia de sonidos electrónicos es casi nula, dejando lugar a un esplendoroso color orquestal que claramente se percibe en la banda de sonido de E. T (El extraterrestre), uno de los más recordados film de Steven Spielberg.


Alfred Reed
Ragtime de la Suite Nº 1 para banda sinfónica)


La obra del compositor norteamericano Alfred Reed, se centra en la composición de obras para banda sinfónica. Si bien su carrera se inicia como trompetista en 1942, y como arreglador en la Banda de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, cuenta en la actualidad con más de doscientas cincuenta composiciones de diversos géneros y estilos, dotando a la música para formaciones instrumentales de este tipo, de un singular refinamiento melódico y tímbrico. Su carrera como director, ha incluido presentaciones en Europa, Canadá, México, Japón, Australia y Sudamérica. En los últimos diez años, ha realizado numerosas obras por encargo para las bandas más relevantes de Japón, siendo el compositor norteamericano de mayor difusión en ese país.
En la Suite Nº 1 puede sentirse la influencia del esquema de las obras para banda de Gustav Holst, al fusionar elementos típicos de este repertorio como las “marchas”, con otros provenientes de la música popular, como el “ragtime”. Esta línea de trabajo puede reconocerse como una constante, al tiempo que ahonda y explora los recursos sonoros de estas nutridas formaciones instrumentales.


Pedro Elías Gutiérrez
Alma llanera.


Alma llanera, del compositor venezolano Pedro Elías Gutiérrez, es uno de los joropos de mayor popularidad de aquel país. Sin embargo, no ha sido compuesto como una pieza independiente, sino que se trata del final de la zarzuela homónima, cuyo argumento pertenece al periodista, humorista y poeta español Rafael Bolívar Coronedo.
La obra se estrenó en la ciudad de Caracas el 29 de septiembre de 1914, presentación que estuvo a cargo del mismo Pedro Elías Gutiérrez, quien además estaba considerado como un destacado director de orquesta.


 
 
 
 
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