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Comentarios de los musicógrafos de la banda,
Laura Campardo y Gustavo Costantini


Programa del concierto en el Auditorio de la Bolsa de Comercio (Sarmiento y 25 de mayo) del viernes 23 de abril, 18:30 hs.

Gioacchino Rossini

Obertura de Guillermo Tell

             Contemporáneo de Beethoven, Schubert y Weber, Gioacchino Rossini libró una batalla por la renovación de la ópera idéntica a la de ellos respecto de la sinfonía, la sonata o el lied. A pesar de ser italiano, Rossini manifestó una gran afinidad con compositores del norte de Europa, especialmente Haydn, Mozart y Beethoven, y su influencia es mucho mayor que la de los compositores italianos que lo precedieron.

            La estructura de las oberturas de sus óperas siguen mayormente la de la forma sonata clásica, construyendo un microcosmos totalmente independiente de la representación operística que prosigue luego de su culminación. En 1829 Rossini escribió Guillermo Tell, una ópera política que en su momento defraudó a la audiencia. Años más tarde, esta ópera –y sobre todo su obertura- se convertirían en verdaderos clásicos del género, a partir de la frescura de sus ritmos, la efectividad de sus giros melódicos, pero también por el tardío reconocimiento del virtuosismo orquestal y vocal que la obra de Rossini demanda.

Opuesto a la pompa de la nueva forma operística que provenía de Francia (la grand opéra), un Rossini otrora exitoso y ahora frustrado, decidió abandonar la ópera dejando abierto el camino para el advenimiento de Bellini y Donizetti.

  

Nicolai Rimsky-Korsakov

Suite de El gallo de oro

             La última obra del compositor ruso Nicolai Rimsky-Korsakov fue la ópera El gallo de oro. El libreto de Vladimir Bielsky está basado en un cuento de Pushkin escrito en su juventud. Su tema se refiere a la irresponsabilidad que puede emerger de la posesión del poder absoluto. El rey Dodon, anciano, es un tonto que cae vencido por el error fatal de subestimar a sus enemigos. Pushkin, con cierta dificultad, pudo evitar las tijeras de la censura, pero no Rimsky-Korsakov. Cuando escribió esta ópera, entre los años 1906 y 1907, acababa de finalizar de manera terrible la guerra que sostuvo Rusia con Japón y que demostró la incuestionable incompetencia oficial. El estado ruso se hallaba entonces extremadamente susceptible a cualquier alusión a su desempeño.

            El argumento de la ópera gira en torno del poderoso rey Dodon, quien recibe de manos de un astrólogo un gallo de oro que, mediante su canto, podrá advertir al soberano sobre cualquier peligro inminente. El rey se casará con la bella reina de Shemakha, pero el astrólogo –en recompensa por el invaluable regalo- pide que le sea entregada la hermosa prometida. El rey mata al astrólogo y el gallo de oro, a su vez, mata al rey. La intriga es una denuncia alegórica en la que se advierte sobre la ceguera de quien no puede ver los poderes del enemigo, y de quien imprudentemente sigue adelante con sus planes a pesar de haber recibido un aviso sobre los riesgos que se podían correr.

Rimsky-Korsakov no pudo ver a su ópera en escena, ya que falleció en 1908 y la première de El gallo de oro tuvo lugar en el Teatro Solodovnikov de Moscú, el 20 de octubre de 1909. Sin embargo, el compositor pudo dirigir una serie de fragmentos sinfónicos, que hoy conforman la Suite que se escuchará en este concierto.

  

Leonard Bernstein

Candide

             Leonard Bernstein (1918-1991) fue una de las figuras más importantes de la música norteamericana del siglo XX. Junto a su colega, compatriota y amigo, Aaron Copland a quien conoció en 1937, llevaron adelante el binomio más popular de los círculos musicales de Nueva York. Y quizás, no casualmente ambos murieron el mismo año, en 1991.

            Pianista, director de orquesta, docente y compositor, el extenso itinerario de su exitosa actividad musical, sus versiones desbordantes y a veces arrebatadas de euforia, su gran sensibilidad y el amplio margen que dio a sus preferencias estéticas, no lo apartaron jamás de su visión fatalista de la vida, sin que faltaran quienes lo exhibieran frívolamente como un prototipo de la bohemia moderna.

            Como compositor a través de su producción musical, abogó siempre por un estilo musical que se acercara al oyente, en oposición a las complejidades de las vanguardias tan defendidas por sus contemporáneos. En consecuencia, sus obras manifiestan una fuerte defensa de la tradición y en particular, de la música tonal. Candide, compuesta en 1956, es una ópera que hizo famoso a Bernstein al momento de su estreno y precede a West side story (1958), otra obra que afronta la misma impronta. Ambas y en particular la primera, han sido consideraras las más logradas y ambiciosas producciones, donde con claridad y gran poder de síntesis, expone su filiación con la música, el estilo y las historias y argumentos fuertemente arraigados en la vida popular norteamericana.

 

Richard Strauss

Danza de la ópera Salomé

             Luego de ver una representación de la obra teatral Salomé, de Oscar Wilde, Richard Strauss decidió componer una ópera a partir del mismo argumento. La fascinante historia bíblica había recibido distintas visiones y versiones, pero fue la pintura que realizó Gustave Moreau la que disparó la imaginación de Wilde, y éste la de Strauss. La representación visual de Moreau hace que Salomé se vea como una mezcla de lo que hoy llamaríamos femme fatale y una niña de rostro ingenuo e inocente. Esta perturbadora contradicción es lo que más llamó la atención del dramaturgo y la obra resultante inevitablemente sería material destinado al canto lírico.

            En términos musicales, Salomé fue saludada por Mahler, Schoenberg, Berg e incluso Puccini, como una de las óperas más importantes de su tiempo y como el acontecimiento escénico más notable desde Tristán e Isolda, de Richard Wagner. La comparación con la monumental obra wagneriana no es caprichosa: Strauss encontró en el Tristán toda una serie de recursos que transformaron su lenguaje operístico, el cual ya presentaba una interesante renovación tímbrica que el compositor ya había desplegado en algunos de sus conocidos poemas sinfónicos, como Así habló Zarathustra.

            El estreno de Salomé, que el compositor y director Gustav Mahler tanto anhelaba para la ciudad de Viena, tuvo lugar finalmente en la Ópera de Dresde el 5 de diciembre de 1905. Después de los previsibles escándalos la obra se convirtió en una de las más importantes de Richard Strauss y en un auténtico desafío para las orquestas y cantantes que la interpretan. De ella escucharemos una de las danzas más famosas, que se ha convertido en uno de sus pasajes más populares.

 

 
 
 
 
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