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Comentarios de los musicógrafos de la banda,
Laura Campardo y Gustavo Costantini

 

 

Viernes 22 de Octubre, 18.30 hs.
Bolsa de Comercio (Sarmiento 299)

Sábado 23 de Octubre, 18.00 hs.
Pque. Colón (casco histórico, detrás de la Casa Rosada)

    Las danzas populares han estado junto a la música tradicional aportando una de las expresiones más ricas a la identidad de los pueblos. Cada cultura organizó sus piezas folclóricas en formas y géneros diversos, y la danza se ocupó de recrearlos y expresarlos en el movimiento. Danzas y músicas tradicionales fueron anteriores a cualquier codificación académica, y recién cuando el Renacimiento recupera para Occidente la secularización de las artes, la danza adquiere un lugar de relevancia en los círculos intelectuales de Europa. Sin embargo, y aunque las cortes tomaron del campesinado muchas de ellas, los bailes tradicionales se conservaron en la memoria de los pueblos como parte de la vida social y vital de cada uno.

Cake-walk phantasy
Peter Milray

   Cake-walk es el nombre de una popular danza norteamericana de la segunda mitad del siglo XIX, junto con el Quickstep, la Scottisch, el Rag y la Quadrille, entre otras. Su estructura rítmica está estrechamente relacionada con el Ragtime y ciertas vertientes del jazz tradicional. Su popularidad alcanzó también a compositores académicos como Claude Debussy, quien escribió el Cake-walk de Golligog y Le petit negre (el negrito).
El compositor holandés Peter Milray tomó esta danza como base para su Cake-walk phantasy, donde juega con la estructura de la misma y con un dato peculiar: en holanda se designa como Cake-walk a un famoso parque de diversiones y en particular a la “vuelta al mundo”, entretenimiento que sirve a Milray para evocar la búsqueda del equilibrio rítmico constantemente trastocado por nuevos y sucesivos cambios en el compás. Esta obra se estrenó en 1983 durante el Festival de bandas de viento en Droten, Holanda, y posteriormente fue adaptada para banda sinfónica por Johan de Meij.

Malcolm Arnold
Cuatro danzas escocesas

   El compositor inglés Malcolm Arnold, nació en 1921 en la ciudad de Northampton y hasta el presente está considerado - junto a Gordon Jabob - como uno de los más prestigiosos compositores surgidos del Royal Colledge of Music de Londres. En su carrera profesional fue trompetista de la Orquesta Sinfónica de la BBC y la Orquesta Sinfónica de Londres, y desde 1948 se ha dedicado incluso a la dirección. Un amplio espectro cubre su actividad creadora: obras sinfónicas, conciertos, música de cámara y composiciones para diversas formaciones instrumentales.
En 1957 compone las Cuatro danzas escocesas dedicadas al Festival Musical de la BBC, basándose en melodías originales. La primera es una danza lenta en compás de 4/4 con numerosos motivos rítmicos basados en el puntillo; la segunda de ritmo vivaz, se inicia con una melodía cuyo diseño va ascendiendo por semitonos hasta que en el final se establece nuevamente en la tonalidad original (Mi bemol); la tercer danza, compuesta en el estilo de la “canciones hébridas”, intenta generar la impresión escénica de un paisaje de verano donde se funden el mar y la montaña; la última es de carácter precipitado y desenvuelto, y emplea una gran cantidad de alturas indeterminadas en las cuerdas (que en la edición para banda realizan los saxofones).

Adam Gorb
Yiddish Dances

   Adam Gorb escribió las Yiddish dances en 1998 para celebrar el 60º aniversario del nacimiento de Robert Reynish, quien dirigió el estreno de esta obra en marzo de ese año con la Orquesta Sinfonía de vientos del Royal Northern Colledge of Music de Manchester. Para el compositor, estas danzas estás cargadas de significación puesto que representan una de sus pasiones musicales, la música “klezmer”, que es la música folclórica de la gente que conserva el lenguaje “iddish”.
Los cinco movimientos están basados en su totalidad en danzas klezmer: Khosidl, mantiene un medio tempo y el carácter de la melodía oscila entre la sátira y el sentimentalismo; Terkische, está escrita como un tango al estilo judío; Doina, es un recitativo que el compositor deja abierto al lucimiento interpretativo de los instrumentos que participan en esta pieza; Hora, en tiempo lento de 3/8, tiene un carácter rítmico pendular; finalmente Freylasch, es una danza rápida en 2/4 donde se evocan temas de los movimientos anteriores y en el que convergen la totalidad de los instrumentos en un desenfrenado final.

Dmitri Shostakovich
Danzas folclóricas

   Dmitri Shostakovich, quien vivió entre 1906 y 1975, representa uno de los compositores más controvertidos a la vez que populares de la ex Unión Soviética. Su producción musical, esencialmente centrada en la orquesta, manifiesta su permanente voluntad por no contradecir los lineamientos planteados por el régimen, lo que se denominó “estilo dirigido”: asimilable a las masas, despojado de toda subjetividad o sentimentalismo y capaz de exaltar los intereses comunitarios.
Sus Danzas folclóricas, originalmente compuestas para orquesta, continúan los lineamientos del llamado realismo socialista, que determinó su estilo popular y su recurrencia a elementos tomados de la música tradicional y a las formas simples. De alguna manera, Shostakovich compensó con obras como ésta las dificultades planteadas en otras de mayor compromiso como sus ambiciosas sinfonías y obras de cámara que lo pusieron a la vanguardia de los compositores soviéticos.

Anton Dvorak.
Danza Eslava op. 46. Nº 8

   La segunda mitad del siglo XIX, conoció la efervescencia de los movimientos nacionalistas. Gracias a ello, la música renovó sus materiales adoptando la descripción del paisaje local o bien, tomando como referencia los territorios considerados exóticos: en ambos casos, las raíces étnicas, sirvieron de inspiración para encontrar nuevas sonoridades, las que muchas veces, correspondían a la trascripción de los ritmos o melodías tradicionales de una región. Tal es el caso del compositor checo Anton Dvorak, genuino intérprete del folclore de su patria, quién basándose en los motivos del paisaje de su tierra, elaboró en 1878 sus Danzas Eslavas op. 46.
Dvorak nació en Bohemia en 1841 y murió en Praga en 1904. Su primera obra relevante es un himno para coro y orquesta de estilo clásico, abordando luego una serie de composiciones que lo aproximaron a las influencias wagnerianas. Estos ensayos no logran conformar al músico, quien, continuando la corriente trazada por Brahms, orientó su lenguaje hacia estructuras formales más definidas y sumó el legado de la tradición musical de su pueblo.


Nikolay Rimsky-Korsakov
Capricho español

   Los últimos veinte años de la vida de Nikolay Rimsky-Korsakov (1844-1908) fueron de muy poca producción musical, debido a una serie de infortunios y muertes en la familia que terminaron de delinear un cuadro de insatisfacción que se proyectó sobre el juicio de sus propias composiciones. El impacto que le produjo asistir a todos los ensayos del ciclo completo de El anillo del nibelungo, de Richard Wagner, también tuvo su efecto crítico: Rimsky-Korsakov -influido por el uso de la orquesta wagneriano- sintió que debía replantear gran parte de las orquestaciones de sus composiciones anteriores y profundizar su trabajo como estudioso de la instrumentación. Profundamente autocrítico, se abocó a la reescritura de muchas de sus obras, al descarte de otras, y limitó casi excesivamente su producción, desarrollando sólo aquello que lo conmoviera más allá de efectismos y pura retórica.
Entre las pocas obras que sobrevivieron a estos juicios, se cuentan las tres composiciones que antecedieron a este último período y que, no en vano, dan cuenta de su madurez como teórico del sonido orquestal y lo pintan como un artista depurado. Estas composiciones abarcan la ópera El príncipe Igor, la suite sinfónica Sheherezade, y el popular poema sinfónico Capricho español.
La influencia de la música española estuvo presente desde un primer momento en la vida de Rimsky-Korsakov, dado que una de las experiencias determinantes para que orientara su vida hacia la música fue la audición de la Jota aragonesa de Glinka. Pero Rimsky-Korsakov no veía en ella una simple manifestación de folclore imaginario, sino un vehículo legítimo para obtener una renovada paleta sonora. De hecho, el propio compositor consideró a su Capricho español como un estudio sobre virtuosismo orquestal que no debía ser confundido por su colorido aspecto regional. La obra fue escrita en 1887, y desde entonces ha sido una de las piezas más requeridas por las salas de concierto de todo el mundo.

 

 
 
 
 
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