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Comentarios de los musicógrafos de la banda,
Laura Campardo y Gustavo Costantini


Programa Banda Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires
Director: Gustavo Fontana
Centro Asturiano
Sábado 19 de junio de 2004, 20:30 hs.

 

Giusseppe Verdi.
Aída (marcha triunfal)

Verdi nació en Roncole en 1813, en el seno de una familia de comerciantes medianamente acomodada, que supo estimular el talento musical del compositor cuando apenas contaba con tres años de edad. Sin embargo, su fuerte intuición melódica, lo llevó a publicar en Milán en 1838, las primeras canciones. Simultáneamente inicia los esbozos de Oberto, Conte di San Bonifacio, ópera que logra estrenar en La Scala, en febrero del siguiente año con cierto éxito, y que motivará el encargo de otras obras.
A fines de 1869 se abría el canal de Suez, y unos pocos días antes se inauguraba el teatro de la Opera de El Cairo con Rigoletto. Se le solicitó por entonces a Verdi, componer una ópera nueva para la siguiente temporada, según condiciones que él mismo fijaría, pero respondió negativamente. En mayo de 1870, daría su aprobación definitiva para la composición de Aída y, a principios de noviembre de ese año, la obra estaba pronta para su presentación. Luego de intensas revisiones, se sucederían nuevos inconvenientes y contratiempos extra musicales: París, lugar donde se estaban realizando los decorados, estaba sitiada, lo que postergó nuevamente su estreno hasta fines de 1871. Para la realización de Aída, no se escatimo detalle alguno. Diseños, sugerencias y de mas consejos tendientes a incorporar a la ficción cierta dosis de realismo histórico, hicieron que la figura responsable de tamaña empresa, el Virrey de Egipto Ismail Bajá, convocara los más autorizados especialistas en el tema.
Quizá sea esta su obra más pródiga en pompa y fanfarria o su ópera más espectacular, pero el deslumbrante exterior es tan solo un aspecto de su fina concepción del drama. Su imaginación supo cargar de contenido incluso los sectores considerados en la actualidad como populares; por eso en Aída, hasta los aires de marcha son apropiados, y aún desde sus excesos, se percibe al gran compositor


Georges Bizet.
Suite de la ópera Carmen

Al promediar el siglo XIX, el gusto literario - saturado ya por los vuelos desenfrenados de la imaginación, de los asuntos artificiosos que se contradecían con la vida-, exigió una nueva perspectiva, más a tono con la realidad. En Francia, el terreno había sido prolijamente preparado por las escuelas filosóficas de Comte, Benard y la narrativa naturalista de Emile Zola. En el campo musical, Bizet adoptaría un estilo agudamente anticonvencional y exento de prejuicios:
Luego de intentar suerte con la composición de algunas obras instrumentales, decide afirmarse definitivamente en el género operístico y concretar Carmen, inspirada en la novela homónima de Prosper Merimée. La historia de la desenfadada gitana, inconquistable y veleidosa, encontró en Bizet, el medio más admirable para su total proyección, aunque las críticas al momento de su estreno, en 1875, fueron profundamente adversas.


Amadeo Vives.
Maruxa (Preludio)

La importancia y trascendencia de Amadeo Vives en el panorama lírico español, representa un nivel de calidad superior al que era habitual en su época. Su expresión musical no se aproxima simplemente al casticismo localista, sino además, pueden hallarse en su obra, infinidad de referencias a los grandes maestros de la música universal.
Maruxa se estrenó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid en 1920, y su éxito fue inmediato. Si bien la acción se sitúa en Galicia, Vives no recurre a la mera cita de su folclore, prefiriendo en cambio, escribir las melodías “a la manera” de las canciones y danzas de la región. Es precisamente de ellas que extrajo el material musical para la elaboración de este Preludio, uno de los más difundidos del repertorio lírico peninsular.

Reveriano Soutullo y Juan Vert
La leyenda del beso

Es en esta zarzuela donde se llega al mejor momento de colaboración entre Reveriano Soutullo, nacido en Puenteareas (Pontevedra), y Juan Vert, natural de Carcagente (Valencia). Ambos músicos, con escasa diferencia de edad, provenían de un ambiente musical que fue el que determinara sus profesiones. La leyenda del beso fue estrenada en el Apolo de Madrid el 18 de enero de 1924. Desarrollada en tierras castellanas, se trata de una leyenda-cuento donde los zíngaros ocupan un destacado lugar. La obra termina con una muerte por amor, la del protagonista (Mario) ante la marcha de la gitana (Amapola) con los de su raza. Algunos fragmentos instrumentales se han convertido en piezas casi independientes, que gozan de muchísima popularidad y son celebrados por los auditorios de todo el mundo.

Antonio Alvarez
Suspiros de España

Según el musicólogo español José Subirá, el pasodoble procede de la tonadilla escénica, que era una composición que en la primera mitad del siglo XVIII servía como conclusión de los entremeses y bailes escénicos, también utilizada como intermedio musical entre los actos de las comedias. De este origen teatral, el pasodoble evoluciona hacia diversas que lo llevan sobre todo hacia otros espectáculos, tales como las corridas de toros o a su evocación u homenaje.
Hay diversos tipos de pasodoble: el pasodoble canción, el festivo, el de concierto, el pasodoble marcha, el pasodoble torero y el que remite a una determinada región. Suspiros de España, el que abre este concierto, fue escrito por Antonio Álvarez cuando éste se encontraba en Cartagena. Por su carácter, esta obra se encuadra dentro de la evocación regional pero también dentro del grupo de los pasodobles de concierto.

Ernesto Lecuona (1896-1964)
Malagueña

El pianista y compositor cubano Ernesto Lecuona, fue una de las figuras más relevantes de la cultura de su país. De su carrera como intérprete, sobresalen sus conciertos en Europa y Estados Unidos, entre los que se recuerda como “memorable” el que ofreciera en 1943 en el Carnegie Hall, dedicado en su totalidad a compositores cubanos. Sus programas incluían además, notables versiones de Debussy, Grieg, Schumann, Liszt, Chopin, Albéniz y Manuel De Falla, evidenciando un dominio técnico y una musicalidad poco frecuente en su tiempo.
Desde su juventud se dedicó además a la composición, destinando sus primeras obras al teatro musical (a los trece años estrenaba en el Teatro Martí de La Habana un grupo de piezas escénicas breves) pero fundamentalmente al piano (donde cabe mencionar sus Seis danzas cubanas de 1909, y Momento musical y la Suite Cubana, ambas de 1916 ).
Su primera gira internacional lo llevó en 1916 a Nueva York, para cumplir con un contrato de cuatro semanas que a causa del entusiasmo del público, debió extenderse a diez. En esta ciudad estrenó con gran éxito varias canciones populares estilizadas y una serie de piezas breves que también abordaban el estilo popular como el vals España, las danzas Los Minstrels y Malagueña. Esta última conquistaría luego el público de España, en 1925; París, en 1928; Costa Rica y Panamá, en 1929; México, en 1931; y Buenos Aires, Santiago de Chile y Montevideo, en 1935. Lecuona realizó innumerables versiones de la citada melodía que escribió primero para piano y posteriormente incluyó el texto poético tan conocido en su versión cantada. Pero suele recordarse en particular un arreglo especialmente curioso, que el compositor preparó para una presentación en La Habana en 1935, donde adaptó su Malagueña para ocho pianos y orquesta.
Este particular arreglo para banda es del gran músico norteamericano Sammy Nestico, popular por sus numerosas colaboraciones para Count Basie, Phil Collins, Barbra Streisand, Natalie Cole, Frank Sinatra, Bing Crosby, Sarah Vaughan, Paul Anka y otros.

 

 
 
 
 
 
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