MENU


Mailing

 

 

Ir a:
Presentaciones anteriores
Próximos conciertos

Comentarios de los musicógrafos de la banda,
Laura Campardo y Gustavo Costantini

 

Sábado 13 de marzo de 2004, 20:00 hs.
Basílica San José de Flores
Rivadavia 6950 (frente a Plaza Flores)

Viernes 19 de marzo de 2004, 18.30 hs.
Estación Constitución

Director: Gustavo Fontana

 

En estos primeros conciertos de la temporada 2004, la Banda Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires presentará un programa íntegramente dedicado a danzas. Desde danzas de Europa del Este hasta los aires latinoamericanos, el programa abarca un amplio panorama de ritmos bailables que cubre, a su vez, un amplio espectro temporal, desde mediados del Siglo XIX hasta comienzos del XXI.

La primera de las obras muestra un costado no demasiado visitado del célebre compositor Dmitri Shostakovich, quien se ha hecho más conocido por sus monumentales e impactantes sinfonías. Al igual Dvorak y Brahms, Shostakovich explora ciertos elementos del folklore como fórmula para la renovación de los materiales compositivos. Pero a diferencia de éstos, Shostakovich no se encuentra fascinado por la temática nacionalista tal como se la vivió durante el siglo de formación de los estados nacionales europeos. Dvorak y Brahms se presentan fieles a los ideales del Romanticismo de la segunda mitad del Siglo XIX, durante la cual el folklore sirvió para la identificación de los pueblos en pos de la formación de una nueva idea de Estado, o bien para realizar una imaginaria recreación de un determinado color local.

Las dos obras de Khatchaturian son contemporáneas de la producción de Shostakovich, pero en el compositor de origen armenio el centro de atención es la fantasía que el ballet le permite desarrollar. Autor de algunos ballets notablemente exitosos –tales como Gayaneh (al cual pertenece la popular Danza del sable), Masquerade o Espartaco- Khatchaturian se olvida de la impronta de las vanguardias (incluso de la renovación moderada propuesta por Shostakovich) y suelta su imaginación para conseguir piezas de notable eficacia, accesibles para todo tipo de público.

El siguiente capítulo está conformado por dos pasodobles. El primero, de Antonio Álvarez, fue compuesto en la ciudad de Cartagena mientras el autor se encontraba de realizando una serie de representaciones de sus obras. Debido a unas confituras denominadas “suspiros” –las que aparentemente fascinaban al compositor- de una panadería denominada “España” –que se encontraba frente al teatro donde se ejecutaban sus partituras- el autor ideó el sugestivo aunque literal título de este pasodoble. El segundo, J.A.I.M es un pasodoble de concierto escrito por José Rafael Pascual-Vilaplana en 2001 y dedicado a José Antonio Iborra Miquel, trompeta solista de la Banda de Xixona (Alicante) de cuyas iniciales surge su nombre.

Alma llanera, del compositor venezolano Pedro Elías Gutiérrez, es uno de los joropos de mayor popularidad de su país. Sin embargo, no ha sido compuesto como una pieza independiente, sino que se trata del final de la zarzuela homónima (de 1914), cuyo argumento pertenece al periodista, humorista y poeta español Rafael Bolívar Coronedo.

Finalmente, la música argentina se halla representada por el compositor de formación académica más importante de nuestro país, Alberto Ginastera, quien en su ballet Estancia recrea muchos de los motivos y danzas más característicos del folklore nativo. Conciliando ciertas técnicas avanzadas de la armonía y la orquestación de mediados del Siglo XX con la impronta reconocible de danzas tales como el malambo, Ginastera consigue sintetizar el espíritu de este concierto, que presenta obras que acercan elementos académicos y populares sin distinciones o sectarismos de ninguna índole.

 

 
 
 
 
1 1 1