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Comentarios de los musicógrafos de la banda,
Laura Campardo y Gustavo Costantini


Mariano Mores:
Gricel
Taquito militar
El firulete

La historia del tango Gricel es una de las más conmovedoras de todo el género, y lo es porque se trata de una historia real. La protagonista, Susana Gricel Viganó, fue para el poeta José María Contursi un amor imposible al comienzo, una relación extramatrimonial tiempo después, y finalmente un remordimiento y una obsesión.
El célebre letrista quedó prendado de la joven Gricel cuando recién comenzaba su carrera, y años más tarde, cuando estaba casado y tenía hijos, la convirtió en su amante. Muchos estudiosos de las letras del tango sostienen que a lo largo de su vida Contursi se refirió nuevamente a ella en Cristal y En esta tarde gris. Estas conmovedoras letras, sumadas al talento que presenta el tango que lleva su nombre, demuestran la tortuosa carga que significó para el poeta este vínculo amoroso.
Años más tarde, cuando ambos habían enviudado y Contursi atravesaba difíciles momentos, Gricel se reencontró con él, se casaron y compartieron juntos los últimos años. Como celebración del reencuentro, escribió Otra vez Gricel.
Quizá, sin saber todo esto, Mariano Mores consiguió reflejar en la melodía de Gricel, un sentimiento de melancolía y dramatismo que va más allá del que ya presenta la letra.

La obra de Mariano Mores ha transitado diversos caminos dentro de la música popular. No sólo su nombre perdurará dentro del género tanguero, sino que se proyecta sobre un sinfín de manifestaciones que sólo su talento ha podido abarcar.
El popular compositor nació el 18 de febrero de 1922. Desde muy joven se ha destacado como uno de los más importantes creadores populares, cuya obra cobra notoriedad indiscutida en la década del ’40 con la colaboración de notables músicos y poetas de nuestro tango como José María Contursi, Enrique Cadícamo y Enrique Santos Discépolo. En 1936, con tan solo catorce años, tocaba en el café Vicente de la calle Corrientes. Muy pronto se unió a la orquesta de Roberto Firpo y posteriormente formó un trío, para luego integrarse al maestro Canaro hasta 1948, año en que decide establecer su propia agrupación. También en 1948 debuta en el Teatro Presidente Alvear con una orquesta por demás modernizada a la que incluyó instrumentos infrecuentes en una orquesta típica, en un gesto de audacia fundamentado en su idea de ampliar los límites convencionales de los timbres que hasta entonces empleaba el tango. Su visión casi sinfónica de la orquesta tuvo a Martín Darré como a uno de sus arregladores de referencia quien trabajó junto a Mores en aquella novedosa concepción, donde el piano adquiere una presencia substancial. No en vano Aníbal Troilo grabó dieciséis de sus obras. Como compositor, se consagraría como uno de los más talentosos melodistas populares de nuestro tiempo: Uno, Cuartito Azul, Cafertín de Buenos Aires, Gricel y las milongas Taquito militar y El Firulete, son algunos de los tantos títulos que ponen de manifiesto su lírica fluida.

Astor Piazzolla:
Verano porteño.
Libertango
Tango I

La trayectoria del compositor argentino Astor Piazzolla, dentro de la música popular como en su tránsito por las expresiones más academicistas, es llamativa pero de ningún modo inédita. Nacido en la ciudad de Mar del Plata en 1921, se trasladó luego a Nueva York, donde vivió junto a su familia entre 1924 y 1937. Participó curiosamente de la filmación de El día que me quieras junto a Carlos Gardel, y de regreso a Buenos Aires integró la orquesta del recordado Aníbal Troilo. Pero más allá de su talento interpretativo, Astor Piazzolla emerge en la década de 1950 como uno de los compositores con mayor originalidad creativa, estilo que él mismo denominó como música ciudadana. Quizás, su mérito radique en la nueva perspectiva que dio a la música popular; Piazzolla, como pocos, supo capturar el presente de una ciudad renovada, transfiriendo a su obra la experiencia de un lenguaje enriquecido por las vanguardias y se pronunció a través de piezas transformadoras, las que luego se consagrarían como verdaderos clásicos, tal es el caso de Verano Porteño.

A comienzos de la década del ’70, el marplatense Astor Piazzolla era ya una figura definitivamente consagrada. Acaso las polémicas que él mismo alimentaba, contribuyeron a poner su nombre en boca de todos los interesados en la música popular y, a pesar de ser rechazado por muchos, su fama siempre crecía. Ya había acompañado a Aníbal Troilo en su orquesta, ya había escrito sus inolvidables Balada para un loco y Adiós Nonino, ya había grabado su ambiciosa operita María de Buenos Aires, y ya le había dado sentido a la expresión “música ciudadana” con el que trataba de explicar “de qué trataban sus composiciones”.
Cuando escribe Libertango, Piazzolla es un artista de renombre internacional y cada uno de sus discos es esperado con gran expectación. Este emblemático tema de la música de Buenos Aires conoció diversas versiones a partir de 1973 con el registro realizado en Francia con músicos italianos, la de 1975 con su orquesta, la de 1977 en el Olympia de París y la que sería su último registro de Libertango, con el quinteto en Viena, en 1984.
Junto con Oblivion, la música de El exilio de Gardel y Años de Soledad, Libertango fue uno de los más importantes éxitos de una de sus últimas etapas creativas, conociendo incluso, versiones cantadas por intérpretes provenientes del pop, como Grace Jones, cuya popularidad se multiplicaría al formar parte de la banda de sonido de Búsqueda frenética, del director Roman Polanski.

A sus felices incursiones en el terreno sinfónico pertenecen sus series de tangos, en este caso Tangos I, donde expone claramente el estilo intermedio con el que se expresa mediante recursos que toma de su hábil manejo de la orquesta y las formas desarrolladas, pero sin apartase del color popular.


Gerardo Matos Rodríguez
:
La cumparsita

La afortunada composición del joven estudiante de arquitectura Gerardo Matos Rodríguez, La cumparsita, es la más popular del género. Según consta en la biografía del músico escrita por su sobrina nieta Rosario Infantozzi Durán, fue estrenada por Roberto Firpo en el café La Giralda de Montevideo el 19 de abril de 1917. Había sido escrita un tiempo atrás, sin tener suficientes conocimientos musicales y cuando integraba la Federación de Estudiantes de Uruguay. Al acercarse el Carnaval del año ´17, en dicha federación se decidió crear una comparsa para tocar en los cafés. En uno de los tantos locales en los que se presentaron, un mozo de origen italiano anunciaba que “llegó la cumparsita”, y de esa desviación idiomática surgió el título de la obra.
Años más tarde Pascual Contursi le puso letra, lo que desató el enojo y el rechazo de Matos, quién inició una controversia por la transformación sufrida por la pieza. Si bien las versiones cantadas han sido muy populares y fueron interpretadas por figuras de renombre, es la instrumental originaria la que ha recorrido el mundo con más trascendencia, siendo la obra más ejecutada del repertorio a nivel internacional.


Sebastián Piana:

Auténtico Buenos Aires.

Nacido en el porteño barrio de Caballito el 26 de noviembre de 1903, Sebastián Piana decidió en su juventud abandonar sus estudios universitarios y dedicarse por entero a la música.
Discípulo Ernesto Drangoch y compositor de vasta preparación teórica, se mantuvo desde siempre en la ortodoxia tanguera. Con más de quinientos temas, su nombre alcanzó popularidad cuando a los 18 años obtuvo el segundo premio en un concurso con Sobre el pucho, estrenado poco tiempo después por Carlos Gardel.
Considerado el creador de la milonga porteña, su obra se inscribe en lo más profundo de la sensibilidad urbana. Entre su producción podemos recordar Milonga del 900, Milonga triste, y Milonga sentimental; a estos títulos se suman su celebrado tango Tinta roja y piezas inolvidables como Silbando, Caserón de tejas y El pescante, las que forman parte de esta selección que el arreglador y compositor argentino Martín Darré reunió con el título de Auténtico Buenos Aires.



Milongas a través del tiempo
(Selección de milongas recopiladas y arregladas por Luis Pereira)

En la célebre crónica de Vicente Rossi, “Cosas de negros”, la remisión a la milonga porteña es ya citada como una de las expresiones urbanas más características y cercanas al gusto popular de los que con gran destreza, hacían gala de sus habilidades para la danza. Pero asimismo no deja de aclarar que “milonga” (término de raigambre africana) era entonces sinónimo de reuniones bullangueras y típicas de la ciudad y sus suburbios, cuya temática polémica y orillera representaba la contra cara de las payadas del hombre de campo. Mientras la milonga cantada resultó ser un producto típicamente argentino, en la orilla de enfrente, más precisamente en Montevideo, se desarrollaba el gusto por las destinadas al baile.
En Milongas a través del tiempo, Luis Pereira recopiló y adaptó para banda sinfónica una selección que incluye algunas de las piezas más tradicionales del género y en los estilos con que se popularizaron desde principios de los años ‘30. Algunas más cantables como Milonga sentimental de Piana y Manzi, Milonga de mis amores, de Laurenz y Contursi, otras como La puñalada, del uruguayo Pintín Castellanos y Celedoño Flores, esta última más próxima al tango y a la danza, comprueban la convivencia entre los distintos tipos de milonga del que gustaban los rioplatenses de entonces.

 
 
 
 
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