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Comentarios de los musicógrafos de la banda,
Laura Campardo y Gustavo Costantini

 

Giusseppe Verdi
Aída (Selecciones de la ópera)
Verdi nació en Roncole en 1813, en el seno de una familia de comerciantes medianamente acomodada, que supo estimular el talento musical del compositor cuando apenas contaba con tres años de edad. Sin embargo, su fuerte intuición melódica, lo llevó a publicar en Milán en 1838, las primeras canciones. Simultáneamente inicia los esbozos de Oberto, Conte di San Bonifacio, ópera que logra estrenar en La Scala, en febrero del siguiente año con cierto éxito, y que motivará el encargo de otras obras.
A fines de 1869 se abría el canal de Suez, y unos pocos días antes se inauguraba el teatro de la Opera de El Cairo con Rigoletto. Se le solicitó por entonces a Verdi, componer una ópera nueva para la siguiente temporada, según condiciones que él mismo fijaría, pero respondió negativamente. En mayo de 1870, daría su aprobación definitiva para la composición de Aída y, a principios de noviembre de ese año, la obra estaba pronta para su presentación. Luego de intensas revisiones, se sucederían nuevos inconvenientes y contratiempos extra musicales: París, lugar donde se estaban realizando los decorados, estaba sitiada, lo que postergó nuevamente su estreno hasta fines de 1871. Para la realización de Aída, no se escatimo detalle alguno. Diseños, sugerencias y de mas consejos tendientes a incorporar a la ficción cierta dosis de realismo histórico, hicieron que la figura responsable de tamaña empresa, el Virrey de Egipto Ismail Bajá, convocara los más autorizados especialistas en el tema.
Quizá sea esta su obra más pródiga en pompa y fanfarria o su ópera más espectacular, pero el deslumbrante exterior es tan solo un aspecto de su fina concepción del drama. Su imaginación supo cargar de contenido incluso los sectores considerados en la actualidad como populares; por eso en Aída, hasta los aires de marcha son apropiados, y aún desde sus excesos, se percibe al gran compositor

John Barry
Música para el film
Danza con lobos

El compositor inglés John Barry estuvo primeramente vinculado al mundo del rock en su más temprana época y en menor medida al jazz. Se hizo popular a través de la música de las películas de James Bond y, el tema que identificaba el personaje le dio éxito y un lugar en la industria de Hollywood. Más tarde, Barry fue candidato una vez más por su “store” para el film Danza con lobos, del director debutante y ya famoso actor Kevin Costner. Si bien la música acompaña a las imágenes de un singular e histórico Oeste americano, se ve netamente influenciada por elementos modales de la música inglesa, de la que Barry es cada vez más cultor, volviendo así a sus fuentes.

Milongas a través del tiempo
Selección de milongas recopiladas y arregladas por Luis Pereira.

En la célebre crónica de Vicente Rossi, “Cosas de negros”, la remisión a la milonga porteña es ya citada como una de las expresiones urbanas más características y cercanas al gusto popular de los que con gran destreza, hacían gala de sus habilidades para la danza. Pero asimismo no deja de aclarar que “milonga” (término de raigambre africana) era entonces sinónimo de reuniones bullangueras y típicas de la ciudad y sus suburbios, cuya temática polémica y orillera representaba la contra cara de las payadas del hombre de campo. Mientras la milonga cantada resultó ser un producto típicamente argentino, en la orilla de enfrente, más precisamente en Montevideo, se desarrollaba el gusto por las destinadas al baile.
En Milongas a través del tiempo, Luis Pereira recopiló y adaptó para banda sinfónica una selección que incluye algunas de las piezas más tradicionales del género y en los estilos con que se popularizaron desde principios de los años ‘30. Algunas más cantables como Milonga sentimental de Piana y Manzi, Milonga de mis amores, de Laurenz y Contursi, otras como La puñalada, del uruguayo Pintín Castellanos y Celedoño Flores, esta última más próxima al tango y a la danza, comprueban la convivencia entre los distintos tipos de milonga del que gustaban los rioplatenses de entonces.

Libertango
Astor Piazzolla

A comienzos de la década del ’70, el marplatense Astor Piazzolla era ya una figura definitivamente consagrada. Acaso las polémicas que él mismo alimentaba, contribuyeron a poner su nombre en boca de todos los interesados en la música popular y, a pesar de ser rechazado por muchos, su fama siempre crecía. Ya había acompañado a Aníbal Troilo en su orquesta, ya había escrito sus inolvidables Balada para un loco y Adiós Nonino, ya había grabado su ambiciosa operita María de Buenos Aires, y ya le había dado sentido a la expresión “música ciudadana” con el que trataba de explicar “de qué trataban sus composiciones”.
Cuando escribe Libertango, Piazzolla es un artista de renombre internacional y cada uno de sus discos es esperado con gran expectación. Este emblemático tema de la música de Buenos Aires conoció diversas versiones a partir de 1973 con el registro realizado en Francia con músicos italianos, la de 1975 con su orquesta, la de 1977 en el Olympia de París y la que sería su último registro de Libertango, con el quinteto en Viena, en 1984.
Junto con Oblivion, la música de El exilio de Gardel y Años de Soledad, Libertango fue uno de los más importantes éxitos de una de sus últimas etapas creativas, conociendo incluso, versiones cantadas por intérpretes provenientes del pop, como Grace Jones, cuya popularidad se multiplicaría al formar parte de la banda de sonido de Búsqueda frenética, del director Roman Polanski.

Pedro Elías Guitiérrez
Alma llanera.

Alma llanera, del compositor venezolano Pedro Elías Gutiérrez, es uno de los joropos de mayor popularidad de aquel país. Sin embargo, no ha sido compuesto como una pieza independiente, sino que se trata del final de la zarzuela homónima, cuyo argumento pertenece al periodista, humorista y poeta venezolano Rafael Bolívar Coronado.
La obra se estrenó en la ciudad de Caracas el 29 de septiembre de 1914, presentación que estuvo a cargo del mismo Pedro Elías Gutierrez, quien además estaba considerado como un destacado director de orquesta.

Benny Goodman
No seas así

Para muchos, la era del swing comenzó el 12 agosto de 1935, cuando la orquesta de Benny Goodman se presentó en el salón Palomar Ballroom de Los Angeles. El joven clarinetista había alcanzado cierta notoriedad en un programa de la radio neoyorkina llamado Let´s dance, donde dirigía tres big bands que tocaban los estilos de moda de la época: latin, sweet y hot (latino, dulce y caliente). Si bien el swing estaba ya sonando desde años atrás, a mediados de la década del ´30 las grandes bandas habían refinado sus interpretaciones a través de un lenguaje más sofisticado y con mayor elaboración. No seas así, uno de sus temas más emblemáticos, fue presentado en 1935 y se recuerda a su producción de aquel año, como un verdadero fenómeno nacional sin precedentes en la historia de la música popular norteamericana.

Georges Gershwin (1898 - 1937)
Suite de la ópera Porgy and Bess

El compositor norteamericano George Gershwin, nació en el neoyorquino barrio de Broklyn en 1898. Desde su juventud se dedicó a musicalizar temas en el estilo de la canción popular con la asistencia literaria de su hermano Ira. Muy pronto, la dupla Gershwin & Gershwin alcanzaría un éxito arrollador entre los cultores del jazz a partir de canciones inolvidables como El hombre que amo, El amor está aquí para quedarse o Pero no para mí.
Atraído desde siempre por el folklore americano, fundamentalmente de procedencia negra, incorporó al repertorio sinfónico algunos de sus rasgos dinámicos y rítmicos más esenciales. Estos elementos inherentes a su estilo, se encuentran ya en la Rapsodia en Blue, de 1924 y el Concierto en Fa Mayor para piano y orquesta compuesto al año siguiente.
La cumbre de su lenguaje musical, y quizá la obra más ambiciosa de su carrera, fue Porgy and Bess. Considerada como la primera ópera genuinamente americana, está inspirada en la novela de Dubose y Dorothy Heyward, cuyo núcleo argumental se sustenta en la cruda problemática social del hombre de color. Profundamente atraído por el tema, Gershwin comienza la elaboración musical de los momentos principales de Porgy and Bess en 1935, pero le comunicaría luego a Heyward, su condición inexpugnable de que su ópera debería ser interpretada únicamente por cantantes negros.
Una vez concluida, y muy a pesar de las autoridades de los teatros norteamericanos, Porgy and Bess se transformó en un verdadero símbolo en pos de la abolición de las barreras étnicas y así, por primera vez, la población de color adquirió el derecho a asistir a las sucesivas representaciones. En términos netamente musicales, esta ópera de Gershwin no escapa al modo tradicional de escritura, donde los diferentes motivos se combinan para acompañar la acción dramática. Sin embargo, lo más notable, radica en el particular tratamiento que da a los temas y ritmos de blues, jazz y negro spiritual, confirmando una vez más, el legítimo acierto de haber alcanzado un estilo de absoluto sincretismo.

 

 
 
 
 
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